La hora más fría
La hora más fría
Resulta ser que al contrario de lo que se puede pensar, no es durante la noche cuando se alcanza a percibir la temperatura más baja, es durante la primera hora del amanecer cuando los rayos de sol aún son tenues y no alcanzan a cubrir todo a su paso.
Para mi que soy un observador del sol y de la luna me gusta rodar en todas las etapas del día. Ver el amanecer, saber hacía donde se encuentra el oriente, darme cuenta cuando estoy bajo el sol de medio día y que es necesario buscar una sombra, o buscar un sitio para ver el atardecer donde se puedan apreciar sus matices.
También pongo atención a la luna y sus fases, en ocasiones puedo notar que cambia de un amarillo opaco a un blanco brillante. A veces está muy cerca, otras se alcanza a ver a la par que hay sol y mi favorita, es cuando voy a la playa en luna llena. Ver su brillo reflejado en el agua además que se ilumina todo a la distancia durante la noche.
Estoy volviendo a recordar algunos detalles de cuando visitamos la playa el choyudo, Daniel y Karla me invitaron para hacer un tour de 3 días con acampada incluida a la orilla del mar. Empiezo a escribir esto porque ya hace un año que no los veía, y pronto iremos a acampar de nuevo al mar. Esta vez a Bahía de Kino-Punta Chueca.
Aquella vez fué una noche de luna, llegamos poco antes del atardecer y aún había luz para tomar fotos. Después de dejar la zona conocida como la manga, los teléfonos pierden señal y no encuentras un alma en la distancia, tal vez algunos turistas que llegan a tomarse unas cervezas que después dejan sus restos de basura junto al mar. Se pueden ver la huella humana porque permanece en el suelo, hay una construcción abandonada, algunas botellas de vidrio, otras de aluminio, un poco de PET y otros plásticos.
Como regla no escrita del grupo tenemos dicho que nuestro impacto ambiental debe ser el menor posible y si no es cero, al menos tratar de dejar algo mejor que como lo encontramos. Limpiamos un poco el área y vemos los lugares más adecuados para dormir.
Yo elijo la roca, ellos se burlan de mi cama dura, y me presumen sus colchones inflables que van a poner sobre la arena. Yo no hago caso porque a mi tapete de yoga de 1mm no le afectan esos comentarios. Reímos del tema mientras cenamos.
Se hace de noche muy rápido y empieza a hacer frío, mi cama es también una barrera para el viento y no lo siento tanto como Karla, Dany es el hombre de las nieves, a él no le afecta nada los 5ºC de esa madrugada.
La luna pasa a ocultarse después de medianoche, ahora solo hay penumbra y los ruidos del mar, me despierto a ver el reloj y son las 3 de la mañana. En este punto algo anda merodeando y me despierta. Hay un ratón rondando mis recipientes de comida, al parecer la marca de la gota de sopa que se me cayó dejó un rastro y vino buscando comida.
Me muevo y lo ahuyento, me quedo despierto un rato más mientras acomodo mis cosas para ver que no se meta a mi mochila. Escucho otro ruido, esto es quizás más grande, no puedo ver nada pero uso mi linterna para tratar de espantarle.
Cerca de las 6 de la mañana empieza a verse un poco de luz, es la hora más fría, Dany se prepara con su cocina portátil para prepararnos café, Karla sigue en las cobijas y yo voy a darme un baño en el mar.
Esto sucede el segundo día para amanecer el tercero y regresar a Hermosillo. Después de desayunar volvemos a subirnos a las bicis y pedalear de regreso a la central de autobuses.
“Ha sido EPIC” es lo que concluimos.
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